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Despidiendo Al Poeta


Una tarde en Concepción llegué a la librería de don Omar Lara en Artistas del Acero. Llevaba uno que otro poema recién escrito para presentárselo al poeta. No sabía quién era él ni qué hacía yo ahí. Los leyó con la paciencia profunda de los años y me los devolvió.

Consideré de inmediato mi fracaso literario. Tomé esos textos con incertidumbre de su palabra. En ese intervalo de silencio él dijo, “vuelve a mi taller literario”. Quizás ahí está el punto de quiebre en mi vida personal y escritural.


Me instalé en ese hermoso grupo llamado “Jueves Será” junto a escritores como Taty Torres, Frank Solo, Cristian Pizarro, Rebeco entre otros. Todos y cada uno de nosotros dirigidos por este magnifico poeta que después comprendí realmente quien era. Ese poeta que rápidamente fue para mí, un maestro de vida y de poesía.


En esos cortos años escribí una cantidad de poemas y otros escritos que fueron de alguna u otra forma esencia de las enseñanzas de don Omar Lara. Me instó a escribir, me decía escribe, escribe. También me contuvo en mis ansias juveniles de publicar textos sin valor. Con su respetuosa y constante dedicación me decía lo que debía mejorar o descartar. Poseía Omar la agilidad de decirlo todo con prudencia, suave voz y seriedad. Tenía un aura de sabio que caminaba por las calles de Concepción con lentitud, pero con vivaz mente. Captaba todo. Sabía de todo.


Pronto don Omar Lara fue mucho más que un maestro de poesía, era un amigo y un padre que me cobijó en mis inicios como “escritor”. Recuerdo que decía “Acabemos con esta farsa”, para culminar algún asunto, o una copa de vino, su tono era de vivo humor que lo mezclaba con meditaciones y largos silencios. Me recomendaba autores, regalaba libros, invitaba a eventos literarios.


El mundo que rodeaba a este magnifico poeta era mágico y maravilloso. Todo en él era poesía. Una tarde decidí pasarlo a ver. No estaba solo. Me presentó un amigo. Nos sentamos en su mesón y este amigo comenzó a hablar. Era Humberto Soto. Habló sobre la escultura. Habló sobre arte. Literatura. Sobre La Divina Comedia que está sintetizada en una de sus obras en la Plaza Acevedo de Concepción. De Marta Colvin. De Henry Moore. Yo nada sabía. Pero Omar me dijo que debía escucharlo. Y lo escuché. Frente a mí estaban dos maestros. Ambos me abrieron caminos, uno el de las letras y el otro el del arte.


Consideré todas sus enseñanzas don Omar. Hubiera deseado profundamente estar escribiendo sobre usted y el Premio Nacional de Literatura (que no recibió y que Chile queda en deuda) pero hoy nos reunimos para despedirlo físicamente, porque claramente un maestro y sabio perduran para la eternidad. Muchas Gracias como dijo un estudiante, por habernos encontrado en esta vida, feliz Retorno, lo abrazo desde este mundo.

Por Gialik.

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